La inversión en oficinas europeas alcanzó los 22.000 millones de euros durante el primer semestre de 2026, un volumen que se situó apenas un 1% por debajo del registrado en el mismo periodo del año anterior, según el último European Office Update de Cushman & Wakefield.
La actividad mantuvo así su resistencia pese a la incertidumbre geopolítica y encadenó en el segundo trimestre su tercer periodo consecutivo con al menos una operación superior a 500 millones de euros. Entre las principales transacciones figura la adquisición de 1 Churchill Place, en Londres, por parte de Barclays, que destinó 866 millones al inmueble.
La recuperación del interés inversor coincide con una mayor disposición de los bancos a financiar compras de oficinas. El aumento de la competencia entre entidades está contribuyendo a reducir los diferenciales y permite acceder de nuevo a préstamos equivalentes a hasta el 60% del valor de los activos, lo que mejora las condiciones para acometer operaciones y refuerza la confianza en el sector.
El capital continúa concentrándose, no obstante, en los edificios de mayor calidad y mejor ubicados, que también reúnen buena parte de la demanda de los usuarios. Las oficinas de grado A representaron el 51% de la contratación durante la primera mitad del año, aunque la actividad total quedó un 9% por debajo de la media de los últimos cinco ejercicios.
La limitada disponibilidad de este tipo de espacios, situada en un mínimo histórico del 3,3%, está sosteniendo las rentas prime, que aumentaron una media del 4,6% interanual hasta junio. El 94% de los mercados analizados registró incrementos o estabilidad, con las mayores subidas en Róterdam, donde avanzaron un 16,7%; Birmingham, con un 14,3%; Milán, con un 10,4%, y Lisboa, con un 10,3%.
Las perspectivas de oferta apuntan a que la polarización del mercado continuará. La superficie en desarrollo descendió un 19% interanual, hasta 8,4 millones de m2, su nivel más bajo desde 2014, mientras la construcción especulativa —iniciada sin ocupantes comprometidos— cayó a mínimos de una década. Cushman & Wakefield prevé que la combinación de una demanda resistente, una cartera de proyectos limitada y unas condiciones financieras más favorables siga respaldando la actividad, especialmente en los activos prime.