La oficina se juega hoy parte de su valor en elementos que van más allá de la calidad constructiva o del rendimiento técnico del edificio. La experiencia diaria de quien la utiliza, la calidad de los servicios y la coherencia entre el espacio de trabajo y las políticas corporativas han ganado peso en un contexto en el que propietarios y empresas revisan qué factores influyen realmente en la percepción del activo y en su capacidad para retener talento. Sobre ese desplazamiento del foco, del inmueble a su uso, se asentó buena parte de la intervención de Beatriz Santos, gerente de Workplace Services de ISS Iberia, durante el Desayuno Editorial “Workplaces: oficinas guiadas por criterios ESG”, organizado por Observatorio Inmobiliario y patrocinado por BNP Paribas Real Estate, JLL y Chargeguru.
A juicio de Santos, esa evolución también ha ampliado el papel del facility management, que incorpora variables vinculadas al bienestar, la atención y el uso cotidiano del espacio. “Hemos pasado de que la oficina sea un espacio físico a que la experiencia esté muy presente”, señaló durante el encuentro, al resumir una transformación que desplaza el foco del hard al soft.
En ese contexto, explicó que ISS trabaja con metodologías basadas en touchpoints para analizar cómo interactúa el usuario con el edificio, la tecnología y los equipos que prestan servicio. Ese análisis permite identificar los momentos que más influyen en la percepción del espacio.
Entre esos puntos de contacto, Santos destacó la llegada al edificio. La recepción, apuntó, cumple una función que va más allá del control de accesos o de la gestión administrativa, porque condiciona el inicio de la jornada y la percepción inicial del entorno de trabajo. En ese primer momento, el trato personal y la capacidad de hacer que el empleado se sienta reconocido pueden resultar decisivos.

Santos apuntó, además, que el espacio de trabajo puede contribuir al cuidado de las personas a través de distintas iniciativas y servicios, tanto desde la perspectiva de la propiedad como desde la del inquilino. En ese marco, situó también cuestiones como el CAPEX, el OPEX, las amenities, la movilidad sostenible y el acceso al edificio como variables que ya forman parte de la conversación sobre el valor de las oficinas, en una línea que también abordó Paula Albaladejo, directora de Project & Development Services en el sur de Europa de JLL, durante el desayuno, al analizar la evolución de la oficina hacia un ecosistema que gira en dirección al hospitality.
La sostenibilidad apareció igualmente como una exigencia cada vez más presente en esa relación entre empresa, espacio y usuario. Santos recordó que, según los estudios que maneja ISS, el 84% de los empleados considera importante que la compañía actúe con coherencia en esta materia.
En el caso de ISS, añadió, esa orientación responde también a directrices internas fijadas por la compañía. Como ejemplo, mencionó que la central del grupo en Dinamarca exige que toda la flota sea eléctrica, una medida con la que ilustró cómo los criterios de sostenibilidad se trasladan a la operativa diaria y no quedan limitados al plano declarativo.
La intervención de Beatriz Santos situó así la experiencia de uso entre los factores que hoy influyen en la forma de entender y gestionar la oficina, junto a variables como los servicios, la bienvenida al usuario o la coherencia de las políticas de sostenibilidad.