En un mercado de oficinas carcaterizado por la escasez de producto de calidad en las áreas más consolidadas, Chío Triviño, corporate development director de Árima Real Estate, defendió en el Desayuno Editorial ‘Workplaces: oficinas guiadas por criterios ESG’, organizado por Observatorio Inmobiliario y patrocinado por BNP Paribas Real Estate, JLL y Chargeguru, una lectura que va más allá de la presión sobre las rentas en el CBD. A su juicio, la falta de oferta en los enclaves más demandados no solo está elevando precios, sino que también está consolidando nuevas ubicaciones capaces de competir por conectividad, prestaciones y coste de ocupación.
Desde la experiencia de Árima, Triviño puso el foco en zonas de Madrid fuera del distrito financiero tradicional, como Pradillo o Manoteras, donde, según explicó, es posible encontrar edificios con rentas más competitivas, mayor flexibilidad de implantación y espacios exteriores. En este contexto, defendió que la ubicación sigue siendo relevante, pero ya no se analiza de forma aislada, sino en relación con el conjunto de atributos que puede ofrecer el activo. “Está demostrado que los inquilinos están preparados para desplazarse si el edificio aporta un valor añadido”, afirmó.
Un ejemplo de esta tesis es Dune, el edificio de Árima en Manoteras, cuyo alquiler íntegro por parte de ICEX España Exportación e Inversiones se cerró mediante un pre-letting anunciado en febrero de 2026. La operación abarca cerca de 13.000 m2 de superficie bruta alquilable, más de 2.500 m2 de jardines y terrazas y 241 plazas de aparcamiento, y confirma el atractivo de activos bien conectados fuera del CBD cuando combinan espacios exteriores, especificaciones técnicas avanzadas y condiciones de ocupación competitivas.
La sostenibilidad como criterio de gestión del edificio
Su planteamiento enlazó con una de las ideas de fondo que atravesaron el encuentro: la sostenibilidad ya no se limita al plano declarativo ni al valor reputacional de las certificaciones, sino que condiciona decisiones concretas de ocupación, diseño y gestión. En ese punto, la intervención de Triviño se produjo a partir de una reflexión previa de Beatriz Santos, gerente de Workplace Services de ISS Iberia, quien señaló que, según sus estudios, el 84% de los empleados considera importante que la empresa actúe con coherencia en materia de sostenibilidad, no solo en términos formales, sino también en aspectos como la ubicación, la movilidad o la gestión de residuos.
A partir de esa idea, la directiva de Árima introdujo una cuestión especialmente relevante en la operativa de los edificios: la necesidad de disponer de datos de uso energético por parte del usuario en el caso de los cargadores eléctricos. Según explicó, esa información resulta clave para justificar ante los certificadores por qué un edificio puede registrar un mayor consumo energético al mismo tiempo que reduce sus emisiones, en un contexto en el que, como apuntó también Esteban Puig, KAM de ChargeGuru, durante el desayuno, la movilidad eléctrica gana peso en la transformación técnica y operativa de las oficinas. La cuestión, por tanto, no pasa únicamente por incorporar nuevas infraestructuras vinculadas a la movilidad eléctrica, sino por medir con mayor precisión el impacto real de esos usos para interpretar correctamente su comportamiento ambiental.
En ese sentido, Dune resume buena parte de los atributos que hoy concentran el interés de la demanda corporativa: contará con calificación energética A y con certificaciones LEED Platinum y WELL Platinum, funcionará con energía eléctrica de origen renovable, incorporará instalaciones fotovoltaicas para las zonas comunes, un sistema de climatización HVRF, gestión inteligente mediante BMS y plazas dotadas para vehículo eléctrico. Más que una suma de especificaciones, este tipo de soluciones refleja cómo el valor del activo se vincula cada vez más a su capacidad para combinar eficiencia, control operativo y adaptación a nuevos usos.

Esta visión conecta con un enfoque más amplio sobre el desarrollo y reposicionamiento de oficinas, en el que las prestaciones del edificio deben analizarse junto a su viabilidad económica. En la valoración final de la jornada, Triviño subrayó que una de las principales conclusiones del desayuno fue precisamente la necesidad de contar con activos que integren criterios de sostenibilidad, pero también de estudiar con rigor la viabilidad de cada proyecto para determinar si la inversión en oficinas tiene sentido.
En esa línea, explicó que en Árima aplican un análisis exhaustivo para identificar activos con potencial de creación de valor y ofrecer espacios capaces de responder a las nuevas exigencias de los usuarios. La sostenibilidad, la localización, las condiciones del inmueble y la lógica económica de cada operación aparecen así como variables inseparables en un mercado en el que las empresas no solo buscan superficie, sino edificios preparados para sostener nuevas formas de trabajo y nuevas demandas de uso.
El enfoque se refleja también en la evolución reciente del portfolio de la socimi, que cerró 2025 con una cartera valorada en 563,5 millones de euros y firmó contratos sobre más de 41.000 m2, de los que el 32% correspondieron a Dune, el activo de Manoteras citado por Triviño como ejemplo del atractivo de ubicaciones bien conectadas fuera del CBD.