La industrialización de la construcción ya no se plantea solo como una alternativa técnica, sino como una vía para producir más vivienda, acortar plazos y hacer más eficiente el uso del capital. Esa fue una de las ideas expuestas por José Ramón Ricoy, director general de Lignum Tech, durante el Desayuno Editorial “El futuro de la construcción industrializada”, organizado por Observatorio Inmobiliario y patrocinado por Zennio Spain, Grohe, TQ Eurocredit y Kömmerling, donde subrayó que el sector ha avanzado de forma significativa en la última década, aunque todavía necesita formación, financiación, apoyo público y consensos básicos para consolidarse.
Ricoy planteó la industrialización como una cuestión de grado, vinculada al peso que adquiere el trabajo realizado en fábrica dentro del proceso constructivo. Cuanto más terminado llega el producto a obra, mayor es el nivel de industrialización.
En el caso de Lignum Tech, este enfoque se concreta en la fabricación de sistemas constructivos industrializados para el sector inmobiliario, con soluciones como fachadas ventiladas de madera, terrazas, escaleras, baños y cocinas. La compañía, integrada en la Corporación Vía Ágora, ha situado la madera en el centro de su actividad industrial, tanto en proyectos de obra nueva como de rehabilitación.
La industrialización como respuesta al déficit de vivienda
En su intervención, vinculó esta evolución con el desajuste entre la demanda residencial y la capacidad de producción actual. Según expuso, España arrastra un déficit cercano a las 800.000 viviendas, mientras el ritmo de construcción se sitúa en torno a las 100.000 unidades anuales. En ese contexto, señaló que reducir esa brecha exige acelerar los ritmos de producción, un terreno en el que la industrialización puede aportar plazos más cortos, mayor control de los procesos y más previsibilidad.
El directivo ilustró esta idea con una promoción de 466 viviendas en Valdebebas: “En construcción convencional, sería una obra de dos años. Y la estamos haciendo en 16 meses, industrializando solo la fachada y los cuartos de baño”. Para Ricoy, la reducción de plazos tiene además una lectura económica directa: “No es solo que construyas más rápido. Es que tienes ocho meses menos de costes indirectos, menos recursos comprometidos y el capital circula más rápido, repercutiendo en el precio de la vivienda”.

La madera industrializada: capacidad productiva y control técnico
El traslado de más fases del proceso constructivo a fábrica requiere también capacidad industrial. Lignum Tech anunció en enero de 2025 la construcción de una nueva planta de primera transformación de madera en el polígono SEPES de Cuenca, con una inversión de 4,25 millones de euros y una superficie de 7.500 m2 de edificabilidad. La instalación está diseñada para desarrollar procesos como el descortezado, aserrado, secado, cepillado y clasificado estructural de la madera.
La evolución de la madera ayuda a situar ese debate. Su uso en edificación avanza en España vinculado a la industrialización y a la reducción de la huella de carbono, aunque todavía mantiene una cuota limitada. Según el informe Riesgos asociados a la construcción con madera en edificación, elaborado por el Grupo de Trabajo de Construcción en Madera del Clúster de la Edificación, la madera estructural representa en torno al 2–3% de la vivienda de nueva construcción en España. No supone una sustitución masiva del hormigón, pero sí refleja un cambio cualitativo en el mercado residencial.
Su implantación exige, sin embargo, una gestión técnica específica. El mismo informe señala que la madera no implica un mayor riesgo que otros sistemas estructurales, pero requiere buen diseño, control técnico y una evaluación del sistema constructivo en su conjunto. La humedad, el comportamiento frente al fuego, la acústica, el cálculo estructural y el mantenimiento aparecen como variables clave para su implantación. Esta lectura conecta con una de las ideas que atravesó la intervención de Ricoy: la industrialización no depende solo de fabricar más, sino también de contar con profesionales especializados, formación y criterios técnicos compartidos.

Más allá del avance tecnológico e industrial, Ricoy advirtió de que aún persisten barreras relevantes. A su juicio, el desayuno permitió poner en común que existe demanda y una necesidad clara, pero también que el sector se encuentra todavía en una fase preliminar y requiere más profesionales, más formación, apoyo de la Administración pública y respaldo financiero. “Queda mucho camino por recorrer”, resumió.
Una de las cuestiones que situó en el centro del debate fue la estandarización. Para Ricoy, se trata de un aspecto clave para que la industrialización pueda ganar escala, aunque reconoció que ni siquiera entre quienes apuestan por este modelo existe una visión plenamente compartida sobre qué debe estandarizarse, hasta qué punto hacerlo y cómo compatibilizarlo con las necesidades de cada proyecto.