La construcción industrializada no empieza en fábrica, sino mucho antes. Para que el modelo funcione, el proyecto debe pensarse desde el inicio con una lógica distinta a la de la obra tradicional, integrando a proyectistas, fabricantes e industrializadores antes de que las decisiones de diseño estén cerradas. Esa fue una de las ideas planteadas por Lidón Castellanos, arquitecta del departamento de prescripción de Kömmerling, durante el Desayuno Editorial “El futuro de la construcción industrializada”, organizado por Observatorio Inmobiliario.
En su intervención, Castellanos defendió que la colaboración temprana entre los distintos agentes permite optimizar el diseño de los sistemas, facilitar su fabricación y mejorar su instalación posterior. En el caso de las carpinterías de PVC, esta coordinación resulta especialmente relevante, ya que permite adaptar mejor cada solución a las necesidades del proyecto y reducir ajustes en fases avanzadas.
Castellanos vinculó esta forma de trabajar con un uso más racional de los recursos. “Cuando automatizas procesos puedes optimizar materiales, reducir residuos y mejorar la eficiencia energética”, señaló durante el encuentro. A su juicio, la sostenibilidad no puede incorporarse al final del proceso, sino que debe formar parte de la definición inicial del proyecto: “No vamos a ser sostenibles en construcción industrializada si no planificamos la cadena de valor”.
Como ejemplo, apuntó que la mayoría de las empresas de fachada todavía no integran las ventanas en fábrica, sino que su instalación se realiza en obra. La diferencia no es menor: trasladar procesos al entorno industrial permite reducir operaciones en el propio edificio, mejorar el control de ejecución y limitar ajustes posteriores. En términos generales, los métodos offsite pueden reducir los residuos de construcción entre un 20% y un 40%, según el National Institute of Building Sciences, mientras que la plataforma europea BUILD UP recoge reducciones del 10% al 15% en residuos durante las fases de producción y fabricación. En este contexto, la integración de la ventana en fábrica muestra el margen de evolución que aún existe para avanzar hacia procesos más coordinados.

Los datos del informe Impacto Económico de la Circularidad, presentado por el Clúster de la Edificación, refuerzan la idea de la arquitecta. El documento, elaborado a partir de 129 obras y más de 11.000 viviendas, cuantifica el efecto económico de una gestión más eficiente de los residuos de construcción y demolición: el coste baja de 1.059 a 739 euros por unidad residencial, con un ahorro de hasta 320 euros por vivienda.
El informe identifica la segregación de residuos en origen como uno de los factores que más inciden en la reducción de costes logísticos y de tratamiento. Escalado a 100.000 viviendas, ese diferencial supondría un ahorro de 32 millones de euros para el sector, según el Clúster. El dato aterriza una de las ideas defendidas por Castellanos durante el desayuno: en construcción industrializada, la sostenibilidad depende menos de medidas añadidas al final del proceso que de decisiones tomadas desde las primeras fases del proyecto.

Kömmerling: la ventana como componente industrializado de la envolvente
En el ámbito de la envolvente, Kömmerling trabaja sobre una de las piezas que todavía concentra margen de mejora en la construcción industrializada: la integración de la ventana en sistemas fabricados fuera de obra. La compañía ha desarrollado una solución específica de instalación de ventana industrializada, orientada a adaptar la carpintería a nuevos modelos constructivos en los que fachada, estructura y acabados se coordinan desde fases tempranas del proyecto.
Este enfoque se apoya en el trabajo del equipo de prescripción, que interviene junto a arquitectos, fabricantes e industrializadores para definir detalles constructivos antes de la ejecución. En proyectos como el Residencial Móstoles de ÁVIT-A, Kömmerling participó en la definición de soluciones practicables y deslizantes dentro de un sistema industrializado que resolvía de forma conjunta estructura, fachadas y acabados interiores.
La compañía cuenta, además, con sistemas como KÖMMERLING76 Xtrem, con perfiles de 76 mm, doble o triple junta según versión y prestaciones orientadas a edificios de alta eficiencia energética. A ello se suman soluciones con componente circular, como el refuerzo de PVC 100% reciclado para la familia KÖMMERLING76 Xtrem o el sistema híbrido AluNext, que combina corazón de PVC reciclado y acabado exterior de aluminio.
Con este tipo de soluciones, la ventana deja de entenderse como un elemento incorporado al final de la obra y pasa a formar parte de la planificación técnica de la envolvente, uno de los ámbitos donde la industrialización puede ganar precisión, eficiencia y control desde el diseño.