El consumo de cemento en España alcanzará previsiblemente los 17 millones de toneladas al cierre de 2026, un 2% más que el año anterior, según las estimaciones de Oficemen, que ha rebajado en un punto porcentual su previsión inicial ante la ralentización de los visados residenciales y la incertidumbre económica y política.
El escenario de la patronal cementera contempla alrededor de 150.000 viviendas visadas durante el ejercicio, 5,6 millones de m2 de edificación no residencial y una inversión en infraestructuras próxima a los 13.000 millones de euros.
Entre enero y mayo, el consumo aumentó un 7,1%, hasta los 6,78 millones de toneladas, aunque la evolución mensual fue desigual. Tras un comienzo de año estable, marzo y abril registraron avances de dos dígitos, favorecidos parcialmente por la recuperación de la actividad aplazada durante los episodios de lluvia, mientras que en mayo se produjo un descenso interanual del 0,3%.
En términos de año móvil, entre junio de 2025 y mayo de 2026, el crecimiento se sitúa en el 12,4%, aunque Oficemen espera una moderación durante la segunda mitad del ejercicio, cuando los datos comiencen a compararse con los elevados niveles registrados a partir del verano pasado.
El mercado cerró 2025 con un consumo superior a los 16,5 millones de toneladas, un 11,3% más, impulsado por los incrementos de dos dígitos alcanzados durante el segundo semestre. Pese a esta recuperación, el volumen se mantiene prácticamente en niveles de 1985 y por debajo de la media histórica de 22 millones de toneladas anuales registrada desde 1960.
La organización considera que España necesitaría superar los 20 millones de toneladas al año para atender el déficit acumulado de vivienda, cifrado en unas 750.000 unidades, y las necesidades de infraestructuras asociadas al crecimiento de la población y de la actividad turística.
Las exportaciones caen a menos de la mitad en una década
La mejora del mercado interior contrasta con el retroceso de las exportaciones, que han pasado de rozar los diez millones de toneladas en 2016 a situarse en 4,5 millones en 2025. La caída se ha prolongado durante los cinco primeros meses de este año, cuando las ventas exteriores descendieron un 16,7%.
Oficemen atribuye parte de esta pérdida de competitividad al coste eléctrico, que representa más del 30% de los gastos operativos de las fábricas. Según sus cálculos, el sector soporta un sobrecoste de alrededor de 90 millones de euros anuales frente a otros mercados europeos, por lo que reclama reformas capaces de reducir la factura entre un 10% y un 30%.
La patronal ha valorado positivamente la eliminación progresiva del impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica aprobada por el Gobierno, aunque considera que serán necesarias medidas estructurales adicionales para corregir la desventaja frente a países como Francia o Alemania.
Las importaciones superan los 2,35 millones de toneladas
Mientras las exportaciones pierden peso, España es el país europeo donde más han aumentado las importaciones de cemento y clínker durante la última década. Entre 2016 y 2025 se multiplicaron por más de 29, con un crecimiento acumulado del 2.822%.
Solo durante el pasado ejercicio aumentaron cerca de un 60%, hasta superar los 2,35 millones de toneladas, mientras que el volumen acumulado en los doce meses anteriores a mayo de 2026 avanzó otro 10%.
Alrededor del 70% de las compras actuales procede de países extracomunitarios, una proporción que llegó al 90% en 2025, especialmente por el peso del clínker. Oficemen advierte de que esta evolución podría favorecer la fuga de carbono al trasladar producción a mercados que no están sometidos a exigencias de descarbonización equivalentes a las de la Unión Europea.
Por este motivo, reclama una aplicación rigurosa del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono que permita verificar las emisiones asociadas a las importaciones y evitar posibles prácticas de elusión.
El sector reclama una estrategia nacional para capturar CO2
La industria también demanda una estrategia estatal para desarrollar las tecnologías de captura, transporte, almacenamiento y uso del CO2, consideradas esenciales para reducir las emisiones derivadas del propio proceso de fabricación del cemento.
La hoja de ruta sectorial plantea disminuir las emisiones por tonelada un 42% en 2030 y un 83% en 2040, antes de alcanzar la neutralidad climática en 2050. Sin embargo, España todavía no cuenta con objetivos cuantificados ni con una planificación específica que facilite inversiones de largo plazo en estas tecnologías.
Las empresas están incorporando, además, herramientas de digitalización e inteligencia artificial para optimizar hornos y molinos, anticipar averías y desarrollar materiales con menores emisiones. Entre las iniciativas presentadas por el Instituto Español del Cemento y sus Aplicaciones figura un sistema inteligente para gestionar pavimentos de hormigón en aeropuertos y un proyecto que investiga superficies urbanas capaces de almacenar energía renovable.