ESG

La sostenibilidad pone a prueba la rentabilidad de la promoción residencial

Joaquín Ortiz García

Joaquín Ortiz García

Director técnico de la Territorial Centro de INBISA

La adaptación a las nuevas exigencias en materia de sostenibilidad en la edificación impulsadas por la Unión Europea, como la revisión de la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios y la Taxonomía verde, así como las actualizaciones del Código Técnico de la Edificación, plantea importantes retos de costes y financiación para el promotor residencial en España.

En primer lugar, el incremento de costes directos de construcción es relevante. Aspectos como la mejora de envolventes térmicas, carpinterías de altas prestaciones, sistemas de aerotermia o geotermia, autoconsumo fotovoltaico, ventilación con recuperación de calor y soluciones de bajo impacto en carbono, elevan los costes iniciales. A ello se suman mayores exigencias en cálculo, certificación energética, análisis de ciclo de vida y gestión de residuos, que implican honorarios técnicos más altos y mayor complejidad de proyecto y obra.

En segundo lugar, se produce un impacto financiero. El mayor CAPEX inicial tensiona la estructura de costes y reduce márgenes, si no se traslada parcialmente al precio de venta. Además, los plazos de diseño, tramitación y ejecución pueden alargarse, afectando al calendario de disposiciones del préstamo promotor y al coste financiero. La banca, no obstante, comienza a diferenciar condiciones en función del desempeño ESG del proyecto, favoreciendo promociones alineadas con la taxonomía europea mediante mejores spreads o acceso a financiación verde.

Por último, existe un reto comercial y de mercado. Aunque la demanda valora cada vez más la eficiencia energética y el menor coste de uso, OPEX, la disposición a pagar un sobreprecio sigue siendo heterogénea, según ubicación y segmento. El promotor debe equilibrar inversión sostenible, posicionamiento de producto y capacidad de absorción del mercado.

En síntesis, la sostenibilidad ya no es opcional, pero exige una gestión integral: optimización técnica, planificación financiera anticipada y estrategia comercial coherente, para preservar rentabilidad y acceso a financiación.