La escasez de vivienda no se va a resolver con una única medida, porque el problema no tiene una sola causa. Hace falta actuar a la vez sobre suelo, licencias, capacidad constructiva y financiación. Seguimos teniendo una demanda sólida y una oferta insuficiente, especialmente en las grandes ciudades y en los mercados con más atracción de empleo y población. Esa tensión explica que el residencial y el conjunto del living sigan siendo uno de los segmentos más dinámicos del inmobiliario español. En 2025, la inversión en living volvió a situarse en máximos o cerca de máximos históricos, impulsada por la vivienda en alquiler, las residencias de estudiantes y el flex living, porque el mercado reconoce que hay una necesidad estructural todavía no cubierta.
La primera solución, por tanto, es generar más oferta: más suelo finalista, tramitaciones más ágiles y mayor seguridad jurídica. La segunda es diversificar las fórmulas residenciales. El Build to Rent, el flex living, las residencias de estudiantes o el senior living pueden absorber parte de la demanda y aportar soluciones más adaptadas a una sociedad más móvil y más diversa. Solo el flex living y el coliving representarán una parte creciente de la nueva oferta en alquiler, pero siguen siendo aún residuales frente al tamaño de la necesidad.
La tercera palanca es la financiación. La banca seguirá siendo esencial, pero la financiación alternativa y complementaria tiene que seguir ganando peso para que proyectos viables no se queden bloqueados en fases iniciales. En paralelo, la construcción industrializada puede ayudar, pero solo se consolidará si mejora tiempos y costes de forma rentable. España sigue muy por detrás de otros países europeos en adopción de estos sistemas. La prioridad no es industrializar por moda, sino hacerlo cuando ayude a producir más vivienda y mejores resultados.