Según el Barómetro de enero de 2026 del CIS, los españoles consideran que la vivienda es su principal problema. Por tanto, esta es una reflexión que, además de nosotros, los profesionales del sector inmobiliario, se está haciendo gran parte de la población general.
La tecnología y las comunicaciones podrían facilitar la solución de nuestro reto demográfico. Una mayor industrialización de la construcción podría contrarrestar la cada vez más escasa mano de obra cualificada. Estas parecen respuestas sensatas a la pregunta, ¿pero son estos los problemas de fondo de la falta de vivienda en España? Seguramente no.
Los derechos urbanísticos, no el suelo, como se dice habitualmente, es la materia prima con la que el promotor hace vivienda. La reflexión, o la concepción del urbanismo como generador de derechos y no de suelo, es seguramente la clave para poder crear vivienda de manera rápida, eficaz y económica.
Debemos, como sociedad, apostar por la densificación de nuestros núcleos urbanos ya consolidados. Volver al modelo de ciudad europea tradicional densa y aprovechar las infraestructuras que ya tenemos. Pensar en un modelo no expansivo, sino intensivo.
Es necesario que el planeamiento permita que los suelos urbanos cuenten con más superficie edificable, incluso en las partes ya construidas de las ciudades.
Al mismo tiempo, es fundamental flexibilizar y permitir cambios de uso a vivienda. Por supuesto, se deben priorizar e incentivar siempre las transformaciones a uso residencial frente a otros cometidos. Y no nos podemos olvidar de incorporar a nuestras ciudades edificaciones de uso mixto en donde siempre haya vivienda, incluso con equipamientos públicos.
Un urbanismo bien gestionado, ágil y centrado en el aprovechamiento de lo existente es lo más parecido a una solución a este problema que parece que hoy nos ocupa a todos.