La logística de última milla avanza con rapidez hacia un modelo de éxito, pero el urbanismo no siempre acompaña ese ritmo. El recorrido que realiza un producto desde el último centro logístico hasta el cliente final es la fase más cercana al consumidor y la más compleja y costosa de toda la cadena logística. Por eso, adaptar las ciudades a esta nueva realidad sigue planteando retos que deben abordarse desde una visión integral que combine planificación, sostenibilidad y competitividad económica.
Para empezar, la disponibilidad de suelo urbano o periurbano es limitada. Muchos planes generales no contemplan usos logísticos de proximidad y mantienen clasificaciones rígidas que dificultan habilitar espacios para micro-hubs, dark stores o centros de consolidación.
En segundo lugar, los procesos de tramitación urbanística y licencias continúan siendo largos y heterogéneos entre municipios. Para una actividad que exige flexibilidad y rapidez operativa, es tos plazos suponen una barrera en muchos casos. Otro reto es la adaptación de la infraestructura urbana, desde zonas de carga y descarga hasta puntos de recarga eléctrica o espacios para vehículos de cero emisiones. La distribución urbana del futuro requiere infraestructuras que aún están en fase inicial en muchas ciudades ibéricas.
En definitiva, en Panattoni creemos que resolver estos retos pasa por una mayor colaboración público-privada y las empresas de inmologística tenemos mucho que decir en este punto. Podemos aportar un valor decisivo al urbanismo y a la economía, especial mente en un momento en el que la logística se ha convertido en infraestructura estratégica para la competitividad de ciudades y regiones. La última milla es imprescindible para el comercio electrónico, la distribución alimentaria, la paquetería urgente y, en general, para el funcionamiento diario de las ciudades. Con un modelo eficiente reduciríamos tráfico, emisiones y costes, y mejoraríamos la calidad de vida de las personas