Inmologística

Sin suelo ni planeamiento no hay logística de última milla

José Antonio Ortega

José Antonio Ortega

Director técnico de Scannell Properties

El mercado inmobiliario logístico español se ha convertido, en los últimos 10 años, en uno de los más atractivos del panorama europeo en términos de rentabilidad y sostenibilidad. Los edificios logísticos combinan ubicación estratégica, eficiencia operativa, crterios ESG, diseño flexible y cuidada estética arquitectónica. Esta perfecta combinación ha provocado que los activos inmologísticos españoles se hayan distinguido como un vector claro de valor en la cartera inmobiliaria de los inversores institucionales.

Cuando hablamos de la última milla no hay más remedio que destacar el grave problema de falta de suelo para dar respuesta a las necesidades planteadas por los operadores logísticos que dan servicio a la distribución urbana de mercancías. Las ciudades no están preparadas para acoger los edificios que precisa la actividad logística y las autoridades no han asumido, de manera generalizada, la necesidad de diseñar el planeamiento considerando este elemento urbanístico tan imprescindible.

El mercado está actuando regenerando el tejido industrial de las ciudades con proyectos logísticos en suelos antes ocupados por industrias ya inoperativas o almacenes poco eficientes tanto en ocupación como en altura. Es imprescindible recalcar que la construcción de estos edificios, muy sofisticados y levantados con tecnologías de última generación, crea empleo de calidad en la zona y regenera áreas deprimidas con problemas incluso de salubridad.

Otra característica singular de la logística de última milla es la necesidad de construir según los parámetros que marca cada operador y que difieren enormemente entre sí, lo que obliga a desarrollar proyectos llave en mano, hechos a medida y absolutamente personalizados.

Los problemas de movilidad en las ciudades y la creación de ZBE están condicionando de manera muy notable las soluciones de transporte, con introducción de la electrificación en las flotas de reparto, así como la aparición de microhubs urbanos que potencian la colaboración entre instituciones y empresas.