El mayor reto no está en el coste como tal sino en cómo medimos ese importe. En edificación, el CAPEX a día de hoy continúa siendo el factor clave en la toma de decisiones, cuando se debería considerar el coste total. Esto implica no solo considerar también el OPEX (costes energéticos, mantenimiento, etc.), sino, por supuesto, incluir el valor añadido a un inmueble al incorporar estos criterios de sostenibilidad, así como el riesgo de obsolescencia (regulatoria y de mercado) y el coste de oportunidad en el caso de no incorporar estos criterios.
Ahora bien, es necesario que la sostenibilidad entre estratégicamente y desde el comienzo, no como un parche. Cuando la sostenibilidad entra tarde, se vuelve cara: rediseños, cambios en obra, retrasos y soluciones estándar para problemas específicos. En cambio, si se integra desde el inicio, muchas medidas conducen en realidad hacia la optimización más que a un sobrecoste: tenemos la experiencia de ahorrar en proyectos de obra nueva más de medio millón de euros en CAPEX integrando la sostenibilidad en clave de optimización desde una fase inicial. Esto no siempre es posible, pero es más común de lo que se cree si se hacen las cosas bien.
Por otro lado, en financiación estamos viendo un cambio grande: cada vez es más habitual que las instituciones financieras premien aquellos proyectos que realmente puedan acreditar su sostenibilidad. Aquí la clave está en identificar bien qué se ha de medir y cómo verificarlo. Para ello contamos con las certificaciones medioambientales para edificios y la Taxonomía Verde Europea como grandes aliados.