La movilidad eléctrica empieza a ocupar un lugar propio en la transformación de las oficinas. En un contexto en el que los edificios compiten cada vez más por adaptarse a nuevas exigencias de uso, sostenibilidad y servicios, la infraestructura de recarga gana peso como parte de la propuesta de valor del activo. Así lo planteó Esteban Puig, KAM de Chargeguru, durante el Desayuno Editorial Workplaces: oficinas guiadas por criterios ESG, organizado por Observatorio Inmobiliario, donde situó esta cuestión en la intersección entre la evolución del edificio, las demandas del inquilino y el marco regulatorio europeo.
Durante su intervención, Puig enmarcó el debate en torno a tres ejes que hoy condicionan la evolución de las oficinas: los servicios, la sostenibilidad y la movilidad. En el primero de ellos, señaló que las empresas demandan una oferta cada vez más amplia en los espacios de trabajo, desde cantinas y cafeterías hasta prestaciones más específicas vinculadas al bienestar. En paralelo, subrayó el creciente peso de las certificaciones en los inmuebles, dentro de un mercado en el que la sostenibilidad ha dejado de ser un elemento accesorio para convertirse en una variable cada vez más relevante.
La recarga en la adaptación normativa y técnica del edificio
En ese marco, la movilidad eléctrica se está consolidando como una pieza más en el desarrollo y operativa de los edificios. Puig advirtió de que la normativa europea endurece las exigencias en esta materia y llamó la atención sobre el peso creciente que empieza a adquirir la recarga en las oficinas. En ese contexto, la revisión de la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) establece que, a partir del 30 de mayo de 2026, los nuevos edificios de oficinas y aquellos sometidos a gran renovación deberán contar con un punto de recarga por cada dos plazas de aparcamiento. Además, antes del 1 de enero de 2027, los edificios no residenciales ya existentes con más de 20 plazas deberán incorporar un punto de recarga por cada diez plazas y canalizaciones para al menos el 50% del aparcamiento. La recarga deja así de responder solo a una mejora puntual de servicios para incorporarse de forma progresiva a la adaptación técnica, normativa y operativa del activo.
Según explicó Puig, esta transición está obligando a gestores y propietarios a replantear sus estrategias, incorporando soluciones técnicas y de gestión más avanzadas, apoyadas en software especializado y en ingenierías capaces de responder tanto a las necesidades operativas como a los condicionantes técnicos de cada inmueble.

Ese cambio se produce, además, en un contexto de avance sostenido de la movilidad eléctrica en España. El Observatorio Europeo de Combustibles Alternativos sitúa el cierre de 2025 en torno a 243.000 vehículos recargables matriculados entre eléctricos puros e híbridos enchufables, cerca del 19% del total, con más de 114.000 eléctricos puros y una red pública próxima a los 50.000 puntos operativos. A esa evolución se suma que, según la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), al cierre del primer trimestre de 2026 la red de recarga de acceso público alcanzaba 55.077 puntos tras sumar 2.005 en ese periodo, aunque otros 17.073 seguían instalados, pero no operativos. El despliegue de esta infraestructura, por tanto, no depende solo de incorporar nuevos equipos, sino también de resolver cuestiones ligadas a su activación, conexión y capacidad disponible, una realidad que refuerza la dimensión técnica y energética de la recarga dentro del activo.
De amenity a factor de competitividad en oficinas
A este contexto se suma, además, un cambio en la forma en que la recarga empieza a valorarse dentro de los inmuebles terciarios y, en particular, en las oficinas. CBRE señala que más del 60% de las grandes empresas europeas considera la recarga eléctrica un amenity valioso y que actuaría si no estuviera presente, mientras que aproximadamente un tercio de los inquilinos abandonaría o descartaría un edificio que no contara con certificado verde, puntos de recarga o facilidades para la movilidad activa.
Asimismo, JLL sostiene que la electricidad está dejando de comportarse solo como un coste de operación para convertirse en un factor de competitividad inmobiliaria, en la medida en que la disponibilidad de energía limpia, fiable y asequible empieza a sumarse a la localización, la conectividad y los servicios como variable que condiciona el valor y la capacidad de respuesta de un activo. La recarga deja así de situarse únicamente en el terreno de los servicios para incorporarse a una lógica más amplia de adaptación del edificio.
Desde esta perspectiva, la recarga eléctrica se integra también en la lógica ESG de los edificios de oficinas. Puig explicó que ChargeGuru trabaja con un modelo en el que la propiedad no asume el CAPEX inicial, ya que es un tercero quien instala y gestiona la infraestructura. Este planteamiento, señaló, permite incorporar la solución sin trasladar de entrada la inversión al propietario, al tiempo que contribuye a revalorizar el activo y a adaptar su oferta a nuevas demandas del mercado.

La movilidad, por tanto, deja de entenderse únicamente como una cuestión vinculada al aparcamiento o al acceso al edificio para pasar a formar parte de su estrategia de posicionamiento. En la medida en que las empresas inquilinas avanzan hacia esquemas más sostenibles y electrificados, la existencia de infraestructura de recarga empieza a pesar también en la valoración del inmueble y en su capacidad para responder a nuevas necesidades corporativas.
En representación de una compañía con más de seis años de actividad en España, Puig señaló, no obstante, que el despliegue de este tipo de soluciones sigue encontrando obstáculos. Entre ellos, identificó como uno de los principales el acceso a la potencia, un condicionante técnico que puede limitar la implantación efectiva de la infraestructura y que introduce un factor adicional en la planificación de este tipo de actuaciones.
Su intervención dejó así una idea de fondo: en la nueva oficina, la infraestructura energética gana relevancia no solo por exigencia normativa, sino también por su encaje en un modelo de edificio más complejo, en el que servicios, sostenibilidad y movilidad tienden a entrelazarse. En ese proceso, la recarga eléctrica se perfila como un elemento cada vez más presente en la definición del activo.