Diseñar un edificio ya no implica solo resolver su estructura, sus instalaciones o su funcionalidad. En un contexto marcado por la presión regulatoria, la necesidad de reducir impactos y la creciente exigencia sobre el comportamiento ambiental de los activos, la sostenibilidad se consolida como un criterio que debe incorporarse desde la concepción del proyecto y orientar decisiones materiales, técnicas y económicas.
Esa fue una de las principales ideas defendidas por Cristina Rosón, Sustainability Design Lead-Built Environment de TYPSA, durante el Desayuno Editorial ‘Sostenibilidad y el reto de la financiación’, organizado por Observatorio Inmobiliario y patrocinado por Kömmerling. Su intervención puso el foco en la necesidad de abordar el edificio desde una visión más amplia, atenta al carbono embebido, la circularidad, el final de la vida útil y la capacidad de las herramientas de evaluación para aportar información útil en la toma de decisiones.
Rosón defendió la integración de la sostenibilidad en las primeras fases del proyecto. En ese marco, subrayó el valor de herramientas como los sistemas de certificación, la simulación energética, el análisis del ciclo de vida o los estudios de iluminación natural, no solo para verificar estándares, sino también para medir, gestionar y mejorar el desempeño de los edificios.
Materiales y circularidad en los activos inmobiliarios
Otro de los ejes de su participación fue la incorporación del análisis del ciclo de vida. “Este enfoque es fundamental en los activos inmobiliarios. Necesitamos empezar a entender la importancia del carbono embebido y del resto de los impactos que podemos tener con la edificación”, señaló durante el encuentro.
Su reflexión amplió el foco más allá del consumo energético para incluir el efecto de los materiales, los procesos constructivos y el final de la vida útil del inmueble. En esta línea, defendió la conveniencia de pensar el edificio como un banco de materiales e introducir criterios de circularidad desde la concepción del proyecto.

Además de lo expuesto en el desayuno, estas variables ganan peso en el diseño por el impacto del sector en el consumo de materiales y la generación de residuos: el entorno construido concentra alrededor del 50% de los materiales extraídos y genera más del 35% de los residuos de la UE. En este contexto, incorporar el carbono embebido al análisis permite medir la huella asociada a los materiales y a la propia ejecución del edificio desde la fase de diseño, comparar alternativas y orientar decisiones que reduzcan su intensidad material y favorezcan criterios de circularidad. Y la presión regulatoria sobre estas cuestiones irá a más: la normativa europea prevé que el potencial de calentamiento global del ciclo de vida deba calcularse y divulgarse en los edificios nuevos de más de 1.000 m2 desde el 1 de enero de 2028, una exigencia que se extenderá a todos los edificios nuevos a partir del 1 de enero de 2030.
A ello se suma, en el ámbito español, la modificación parcial del Código Técnico de la Edificación actualmente en tramitación, que prevé incorporar también la regulación del potencial de calentamiento global de los edificios como parte de la transposición de la directiva europea.
Rosón apuntó, además, a la necesidad de una labor pedagógica en torno a estas cuestiones, en un contexto que exige una forma distinta de proyectar y valorar los edificios.
Herramientas, dato y fiabilidad de la evaluación
En la parte del desayuno centrada en el uso del dato, Rosón puso el acento en la necesidad de utilizar mejor las herramientas ya disponibles y avanzar en la integración de nuevas soluciones tecnológicas. “Hace falta saber usar bien las que ya tenemos; integrar la Inteligencia Artificial, los gemelos digitales…”, afirmó.

De hecho, la referencia a estas tecnologías conecta con una práctica cada vez más extendida. Según distintas fuentes sectoriales, alrededor del 36% de los profesionales del entorno construido utiliza ya herramientas de IA a diario y más del 80% recurre a ellas al menos una vez por semana, con aplicaciones en diseño, modelado, planificación urbana, gemelos digitales y optimización de la sostenibilidad y la eficiencia energética. Asimismo, la consultora JLL apunta que estas soluciones pueden generar ahorros de energía cercanos al 20%, mientras que los modelos de gemelos digitales facilitan auditorías energéticas que permiten reducir entre un 10% y un 40% el consumo tras una rehabilitación.
Junto a ello, Rosón planteó la conveniencia de repensar los sistemas de certificación para aumentar su fiabilidad. A su juicio, el reto no pasa solo por disponer de herramientas de evaluación, sino por contar con indicadores que reflejen con mayor precisión el comportamiento real de los activos y sirvan de base para la toma de decisiones técnicas y económicas.