Por mí y por todos mis compañeros…

19/04/2020

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La irrupción del COVID-19 nos ha trastocado todos los esquemas y nos ha dejado sin una hoja de ruta predecible. A los ciudadanos de a pie nos ha costado asumir que, aún con la enorme evolución de la ciencia y de la medicina, estemos a merced de un virus tan devastador con el que jugamos un macabro juego del escondite en el que miles de nuestros compatriotas y ciudadanos de todo el mundo están perdiendo sus vidas sin que familiares y amigos puedan ni siquiera decirles adiós.

Es un buen momento, ahora que estamos escondidos sin otra opción posible para reflexionar cómo hemos llegado hasta aquí. A la situación social, política, económica y sanitaria con la que le estamos haciendo frente.

Aplaudir a las ocho de la tarde nos sirve para reconocer la labor impagable de unos pocos que están haciendo tanto por tantos, nos reconforta, nos acerca al vecino, nos recuerda lo mejor de la condición humana; pero no debe quedar ahí: la justicia o la vida digna no se esperan, se defienden…y cada palo debe aguantar su vela cuando todo esto acabe.

Pero ahora lo importante es estar todos a una y salir cuanto antes y con el menor daño posible de esta situación. Por lo pronto, en lo económico, la cuerda se empieza a romper por donde siempre: cerca de un millón de personas se han quedado sin empleo en España en 15 días de marzo, más lo que vendrá en abril y mayo. Miles de autónomos y pymes se han ido por la borda o están a punto de hacerlo. Ante esta situación absolutamente excepcional con las consecuencias arrasadoras de una guerra no caben paños calientes y Europa (a ver si por una vez ejerce de Unión Europea y no solo de mercado europeo) y los gobiernos de cada país tienen que empezar por reconocer que las viejas fórmulas no sirven. “Milagro es que haciendo las cosas de la misma forma llegues a resultados diferentes”, decía Einstein. De nada sirve que los mercados de capitales cambien el rojo por el verde esperanza si la gente no tiene trabajo o, si lo tiene, es tan precario que no le da para vivir en una casa digna, o si a partir del 20 de cada mes sus hijos solo pueden comer macarrones con tomate.

Cuando acabe este juego obligado del escondite debemos intentar cambiar muchas cosas para nosotros, pero también para todos los que nos rodean, empezando por esos hombres y mujeres médicos, enfermeros, sanitarios que encadenan contratos temporales de tres en tres meses durante años, o el personal auxiliar de hospitales o conductores de ambulancia atados al SMI de por vida, además de cuerpos de seguridad, personal de limpieza …

Cuando acabe este macabro juego del escondite debemos tener muy presentes a todos los que se han quedado en el camino y ayudar y ser solidarios con los que más van a sufrir las consecuencias de esta crisis y decir:

Por mí y por todos mis compañeros…