Entre sus retos están el confort acústico y control de humedades en piscinas, spas y jardines

Las cubiertas ajardinadas ganan protagonismo en el aprovechamiento de las superficies

hoteles-122 de febrero de 2018.- Nueve de cada diez hoteles tienen margen para reducir su consumo más de la mitad, según datos de Danosa, especialista en soluciones integrales para la construcción sostenible, con motivo de una jornada sobre rehabilitación hotelera organizada hoy en Barcelona.

El primer paso para lograr que un hotel reduzca su factura energética pasa por abrigar la fachada. Es decir, por aislar térmicamente el edificio, lo que podría reducir fácilmente esas necesidades de energía en un 50%, según Danosa. Para ello es necesario renovar la parte ciega de las fachadas, sustituir la parte acristalada y controlar las filtraciones de aire. Pero si el hotel da un paso más allá y acometiera una rehabilitación térmica completa, ese ahorro de energía podría ser de hasta el 90%, tal y como afirma la plataforma de edificación Passivhaus.

Además, el aislamiento térmico no solo reduce el consumo de energía, sino también las emisiones de CO2 a la atmósfera en la misma proporción. Es decir, los hoteles podrían disminuir sus emisiones a la mitad con un sistema de protección térmica. Si bien esta solución es fundamental, debe ir acompañada de otra serie de sistemas para que se reduzca al máximo el gasto energético innecesario.

Las humedades, un enemigo a batir

Para que los clientes gocen del confort que buscan cuando se alojan en un hotel no solo vale con abrigar al edificio, sino que también hay que protegerlo frente a las humedades, pues crean una sensación de frío desapacible que no se puede combatir a golpe de termostato. Sobre todo porque a cada grado que se aumenta la temperatura, la factura de la luz se incrementa un 7%, y no desaparece el problema.

Y es que las humedades no solo causan un inadecuado efecto estético, sino que pueden afectar a toda la estructura del edificio a la larga. Para evitarlo hay que impermeabilizar y preservar la estanqueidad al agua en las zonas más sensibles –cubiertas, jardines, cocinas, fosos de ascensores, sótanos o fachadas expuestas–. De este modo se puede reducir el consumo de energía y mantener los hoteles a buen recaudo y en perfecto estado para la vista.

Un toque de verde

Otra tendencia creciente en azoteas y terrazas de muchas capitales son las cubiertas verdes, una solución que supone un respiro para las personas y para el medio ambiente, pues además de ayudar a renovar el aire reducen la factura energética de los edificios hasta en un 10% al producirse el llamado ‘efecto toldo’. Es decir, estas alfombras de vegetación resguardan al edificio de la lluvia y lo aíslan, de modo que hacen innecesario abusar de los sistemas de climatización, tanto en verano como en invierno.

Con este tipo de zonas verdes los hoteles incluso pueden aprovechar mejor el espacio, ya que un jardín en la azotea les permite ofrecer más servicios, como poner una zona de relax con piscina y jardín abierto y respirar aire puro en el centro de la ciudad. Por lo tanto, el establecimiento puede obtener una nueva vía de ingresos mientras ahorra en energía y en emisiones contaminantes a la atmósfera.

El ruido, enemigo del confort

Ahora bien, cuando hablamos de confort hay una parte que va más allá de la sensación térmica y la parte estética. Se trata del ruido, uno de los principales problemas en los hoteles. Es más, incluso se da la paradoja de que muchos clientes soportan mejor los niveles de ruido en sus hogares que cuando se alojan en un hotel. Por ello, cuando se piensa en un hotel eficiente de forma integral, el aislamiento acústico debe ser otro de los imprescindibles.

Teniendo en cuenta, además, que los hoteles apuestan hoy en día por sacar el mayor rendimiento a sus localizaciones con múltiples usos –alojamiento, congresos, restaurantes, salas de ocio, piscinas y spas, discotecas, etc.- es imprescindible que todas las estancias y espacios estén insonorizados según sus características y actividades para no afectar el objetivo primigenio de los clientes: el descanso.

Arquitectos e ingenieros tienen en cuenta estas singularidades y ya utilizan las mejores soluciones para ‘ensordecer’ los ruidos que perturban el descanso y la privacidad de sus huéspedes. Entre otras, se encuentra el sistema ‘box in box’, que no deja de ser un método de aislamiento que utiliza una caja flotante dentro de otra caja estructural para impedir que los sonidos se cuelen entre plantas y paredes.