Consuelo-Villanueva---STConsuelo Villanueva

Directora de Grandes Cuentas y Relaciones Institucionales

 Sociedad de Tasación

En los últimos meses se ha hablado mucho de la reactivación del ciclo inmobiliario, de los nuevos actores que han llegado para profesionalizar el sector, de los esfuerzos en la regulación por incluir seguros y normas que aseguren su buen funcionamiento, incluso de las nuevas tecnologías y la tan manida “digitalización” como palanca de cambio de un mercado tan conservador como el inmobiliario. Sin embargo, pocas veces se pone el foco en una parte esencial del mercado; a saber, la demanda.

 Los cambios económicos, sociológicos y tecnológicos acaecidos en la última década han cristalizado dando lugar a un nuevo perfil de demanda, al menos si la comparamos con el perfil del comprador de vivienda quince años atrás. La autodenominada generación “millenial” se ha convertido en el demandante de una oferta que no siempre está sabiendo adaptarse ni en forma ni en fondo a la nueva condición.

Tradicionalmente la emancipación de los jóvenes se producía a una edad más temprana. La seguridad laboral y la fluidez crediticia posibilitaban la creación de nuevos hogares entre los 25 y 30 años. Hoy la situación es bien distinta.

Los datos acerca de las bandas salariales post crisis son demoledores: el salario medio de una persona entre 25 y 30 años se situaba en 19.475 euros brutos anuales según la encuesta del INE de 2016. En estas circunstancias es difícil que se pueda acceder a una vivienda en modalidad de compra o alquiler, habida cuenta del incremento de éste en las grandes ciudades.

La falta de estabilidad laboral y la devaluación de los salarios han tenido efectos dañinos en la generación millenial, concretamente en lo referente al acceso a la primera vivienda. La edad de emancipación se ha disparado y hoy es habitual encontrar a jóvenes de 35 años viviendo en el hogar familiar o bien compartiendo piso con más personas. Las consecuencias sociológicas son patentes: retraso en la maternidad, nuevas tipologías de familia, nuevos hábitos de consumo, nuevas necesidades habitacionales,…etc

. El retrato robot de una vivienda unifamiliar de tres habitaciones ha cambiado. Pisos unipersonales, pisos para familias monoparentales, uso en lugar de propiedad… El cortoplacismo se ha instalado en nuestras vidas. Resulta imposible hacer planes a largo plazo; la movilidad y flexibilidad del mercado laboral imperan, y en esas circunstancias la creación de hogares deja paso a fórmulas más transitorias como los pisos compartidos, alquileres, apartamentos unipersonales, etc. Por no hablar de otros aspectos como la mayor sensibilidad de los millenials al cuidado del medioambiente que demandan viviendas energéticamente eficientes o su interés por la tecnología.

En estas circunstancias, ¿Está preparado el sector para dar respuesta a la nueva demanda?

Como el movimiento se demuestra andando, desde Sociedad de Tasación, pensamos que oferta y demanda están destinadas a entenderse. Veremos cómo evoluciona el sector, de igual manera que los grandes pisos en las grandes ciudades de principios de siglo evolucionaron a pisos de menor superficie para familias de cuatro o cinco miembros en las afueras en los años 70, 80 y 90; en los próximos meses y años veremos, sin duda, nuevos desarrollos de soluciones habitacionales. El futuro está por escribir. [ ]

Nº 94 – Septiembre – Octubre 2018