Carlos-Valdés-Sauras--Vía-CélereCarlos Valdés Sauras

Responsable de RSC, Vía Célere

Con la colaboración de: APCE (ASOCIACIÓN DE PROMOTORES CONSTRUCTORES DE ESPAÑA

En la renovación que está llevando a cabo, el sector inmobiliario tiene ante sí la oportunidad de darle a la Responsabilidad Social un papel prioritario y ser el instrumento que canalice el compromiso del sector por la sostenibilidad, la sociedad y la transparencia.

Son muchas las empresas del sector inmobiliario y de la construcción que ya han incorporado en su gestión políticas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), algunas por convicción, otras por obligación.

Entre las segundas, muchas compañías se ven en la obligación de dar respuesta a una normativa cada vez más exigente con las empresas a la hora de reportar su información no financiera, es decir, su impacto ambiental, social y de buen gobierno.

Esta exigencia normativa también es un punto crítico para las empresas cotizadas, a la luz del crecimiento que esta experimentado la llamada Inversión Socialmente Responsable (ISR), y la importancia cada vez mayor para los accionistas respecto al desempeño no financiero de las empresas.

Otras compañías, incorporan aspectos de RSC en su toma de decisiones obligadas por el auge del llamado consumidor consciente, empoderado gracias a internet y las redes sociales y con patrones de consumo que premian a empresas socialmente responsables y penalizan a aquellas que han demostrado comportamientos reprochables desde un punto de vista ético, social o ambiental.

Generalmente, las empresas que incorporan la RSC como una obligación lo hacen por la percepción errónea que se ha tenido durante muchos años de la Responsabilidad Social Empresarial; tanto dentro de algunas compañías que la han acotado casi exclusivamente a realizar acciones solidarias puntuales en temas que pudiesen reportarles un retorno mediático, como por gran parte de la sociedad que la veía como el oportunismo que ejercían las empresas para lavar su imagen y ver mejorada su reputación.

Más allá de que haya podido ser cierto en algunos casos, esta falsa idea sobre lo que es la Responsabilidad Social Corporativa bebe de un mismo entendimiento que han compartido muchas empresas y que se ha instalado como un mantra en el imaginario colectivo, acerca de cuál es el único propósito real de una empresa: Ganar dinero.

Todas las empresas operan en entornos cada vez más globales y sobre todo interconectados. Tanto si es un mercado local, nacional o internacional, cualquier compañía se ve afectada por las demandas y expectativas de sus grupos de interés, sean los clientes, proveedores, administraciones o sus propios empleados. Si el principal propósito de una empresa es ganar dinero, es lógico que en situaciones donde haya conflicto entre estas demandas/expectativas y el objetivo legítimo de una empresa de maximizar el beneficio, este último se imponga, pudiendo afectar negativamente al entorno y a la relación de la empresa con sus grupos de interés, lo que puede conllevar un impacto en la sostenibilidad futura de la compañía.

Si por contra entendemos que el propósito final de una compañía es crear valor, para la empresa pero también para el entorno en el que opera y todos los que forman parte de él, integrando en su estrategia de negocio las demandas y expectativas de sus grupos de interés, observaremos que el beneficio económico para la empresa es la consecuencia natural de la generación de ese valor. Esto permitirá a la compañía desarrollar un modelo sostenible y a largo plazo capaz de adaptarse a un entorno cambiante y una demanda social y normativa cada vez más exigente con las empresas.

Es entonces cuando la Responsabilidad Social Corporativa deja de ser una herramienta para ganar reputación o lavar la imagen corporativa y pasa a convertirse en una estrategia de gestión empresarial intrínseca a la sostenibilidad de la empresa, independientemente de su tamaño o del mercado en el que opere. Es entonces cuando una empresa abraza la RSE por convicción, como una estrategia integrada en su modelo de negocio y guiada por los principios de voluntariedad y transparencia, que le permita generar valor para todos sus grupos de interés y para la sociedad en general, aumentando además su beneficio económico empresarial.

Es entonces cuando una empresa es líder, pero no porque ofrezca el mejor producto, tenga más cuota de mercado que sus competidores o al cliente en el centro de su estrategia, sino porque es capaz de inspirar con su ejemplo a todos sus grupos de interés y convertirse en un referente dentro y fuera de su sector. [ ]

Nº 91 – Marzo – Abril  2018