Javier Martín López

Director de Observatorio Inmobiliario y de la Construcción

El sector residencial en España necesita una profunda puesta al día en comparación con otras actividades industriales. No es ni razonable ni sostenible en el tiempo que se sigan haciendo casas casi como hace un par de siglos. Es muy cierto que se ha avanzado espectacularmente en el uso de nuevos materiales y tecnologías, no sin pocos esfuerzos (¡lo que ha costado introducir los tabiques de yeso en las viviendas!); pero aún hay muchos frenos a la innovación.

En todos los sectores industriales la innovación es un elemento clave para su desarrollo, tanto en clave interna: costes, rentabilidad, organización, calidad, seguridad y salud laboral… como de cara a los usuarios de esos productos y servicios: versatilidad, calidad, eficiencia, precio…

En el sector inmobiliario, ha sido el segmento no residencial el que ha abierto brecha apostando claramente por fórmulas innovadoras que le permitan alcanzar mejores retornos a la inversión y ofrecer respuestas adecuadas a las necesidades de la demanda. Y no hablo solo desde el punto de vista meramente técnico, sino también de planificación y organización. Por ejemplo, las tecnologías de la información, los sistemas de trabajo colaborativo, además de los estándares de calidad y sostenibilidad han dado un apreciable impulso a la forma de hacer y trabajar en estos sectores. Hoy ya no se concibe el desarrollo de un proyecto de un moderno edifico de oficinas, hotel o centro comercial bajo los estándares “de los viejos tiempos”.

Si embargo, el sector residencial –reconociendo los avances y no pocos esfuerzos a los que he hecho referencia– está claramente rezagado con respecto al inmobiliario comercial. Es preciso destacar que en los últimos años aumenta el número de empresas que no solo apuestan claramente por la innovación en procedimientos y tecnologías, sino que predican con el ejemplo. Pero aún son una clara minoría, porque todavía en este sector prima, más de lo que sería deseable, la inercia, la desconexión con el cliente, la escasa coordinación entre arquitectos, promotores y constructores …

La innovación es el elemento imprescindible para que el sector residencial pueda asegurarse un sólido futuro. Solo con innovación será capaz de adaptarse a una demanda diversificada y cambiante, aumentar la rentabilidad de sus proyectos (no solo a costa de subir unos precios que llegan a colapsar), aumentar la eficiencia y la eficacia, construir más rápido y mejor o atraer a los trabajadores jóvenes al sector, por poner algunos ejemplos.

Con los tiempos que corren sólo habrá sitio para los que piensan que inmobiliario no tiene nada que ver con inmovilismo.

Nº 98 – Mayo 2019