Fernando Moliner

Presidente de la Comisión de Técnica y de Innovación de ASPRIMA y miembro de la Junta Rectora de APCEspaña

El sector inmobiliario español se encuentra ante un incipiente cambio de paradigma en el que cuestiones como la innovación, la profesionalización y, sobre todo, la industrialización de una gran parte de los procesos de negocio de las compañías inmobiliarias, se están convirtiendo en los nuevos ejes sobre los que un significativo número de empresas del sector focalizan y desarrollan sus estrategias de crecimiento.

La adopción e implementación de sistemas de última tecnología que contribuyan a la evolución del sector es una clara muestra del compromiso que las actuales compañías promotoras y constructoras mantienen con las nuevas necesidades de la sociedad, enmarcada a su vez en una moderada tendencia al alza de los precios que tenderán a su estabilización y consolidación en el corto plazo.

En concreto, en el primer trimestre de 2019, el precio de la vivienda en España ha registrado un incremento interanual del 6,8% motivado, en parte, por el aumento durante los tres primeros meses del año del precio de las viviendas de obra nueva, un 10,4% por encima que en el mismo periodo del año anterior. En esta línea, destaca la Comunidad de Madrid al registrar un repunte de los precios del 9,7% interanual en esta tipología de viviendas, lo que sitúa a la región a la cabeza entre el resto de las autonomías.

No obstante, el índice de precios muestra cómo estos datos económicos actuales distan mucho de los registrados durante los años de la crisis económica, ya que, si en 2007 el máximo histórico alcanzó 150,64 puntos, durante los tres primeros meses del año la cifra se ha mantenido en los 128,3 puntos.

Respecto al incremento de los costes de producción, el precio de los materiales (que se ha encarecido un 7,01% desde 2015) y el aumento de los costes de la mano de obra son algunas de las principales causas que explican el incremento del precio de las viviendas de nueva construcción.

Sobre este último factor, el sector inmobiliario se caracteriza por ser de una industria artesanal en la que esta fuerza de trabajo llega a representar, aproximadamente, el 50% de los costes de la vivienda. Si bien es cierto que históricamente el sector en España ha contado con una mano de obra asequible y abundante, entre 2007 y 2014 perdió más de 1,5 millones de empleos en la construcción y, pese a que hasta la fecha se han recuperado casi 300.000 puestos de trabajo, actualmente los niveles de empleabilidad, sobre todo en construcción, se mantienen muy ajustados.

La falta del relevo generacional, los cambiantes movimientos migratorios de la población extranjera y la falta de atractivo de la profesión para las generaciones más jóvenes, son las principales causas que explican esta escasez de mano de obra. Sobre este último aspecto, es necesario dotar al sector de la suficiente atracción para convertirse en una industria que sea apreciada y valorada por los futuros profesionales mediante la inversión, entre otras, de la Formación Profesional Dual.

Ante este contexto, la industrialización y la automatización de los procesos de construcción se convierten en un factor clave para que las empresas puedan seguir fortaleciéndose y atender las nuevas demandas de la sociedad en la que prolifera una nueva tipología de cliente para el que la inmediatez, la practicidad y el respeto al medioambiente son rasgos esenciales en su relación con el sector.

En este sentido, la práctica totalidad de las empresas de la industria inmobiliaria actual integran ya en su ADN sistemas a la vanguardia tecnológica para los procesos de edificación, construcción y promoción. Utilizar materiales construibles sostenibles, trabajar desde sistemas BIM (Building Information Modeling) o LPS (Last Planner System) y favorecer la industrialización en los procesos de construcción, son solo algunas muestras del gran abanico de innovadoras prácticas que las empresas del sector están incorporando a sus distintos procesos y desde los que garantizan a la sociedad un ahorro real de energía, al tiempo que refuerzan sus compromisos con el medioambiente.

A su vez, la implementación de medidas de I+D+i, la profesionalización y la digitalización del sector, contribuirán activa y positivamente a paliar otra de las grandes causas que provoca el encarecimiento de las viviendas de obra nueva, en esta ocasión en forma de efecto cuello de botella. A este respecto, es de acuciante necesidad reducir los tiempos de demora en torno a la puesta en carga de suelo y a la concesión de licencias, en especial, de obra y primera ocupación, que de forma habitual se prolongan durante extensos periodos llegando, incluso, a ser más largos que la propia edificación de los proyectos.

Para el sector inmobiliario, que sigue creciendo a una velocidad de crucero y que cuenta con un amplio margen de crecimiento, es de imperiosa necesidad la participación de todos los agentes implicados en el mercado inmobiliario, lo que supondrá un reto añadido teniendo en cuanta la atomización de la industria.

Ante este escenario es urgente que las Administraciones Públicas favorezcan el desarrollo de marcos normativos estables y perdurables que, en última instancia, aboguen por una seguridad jurídica real en el sector desde la que las empresas promotoras y constructoras puedan contar con todas las garantías necesarias para implementar y desarrollar las últimas tecnologías en sus procesos de negocio, lo que en definitiva contribuirá a atender las necesidades actuales de los consumidores y a situar a España a la altura de sus homólogos europeos. [ ]

N.º 99 – Junio – julio 2019