Javier Martín López

Director de Observatorio Inmobiliario y de la Construcción

La economía mundial vive momentos de incertidumbre, entre guerras comerciales, amenazas de conflictos bélicos reales y una liquidez ávida que pasea su foco por los países y mercados que ofrezcan buenas rentabilidades y los mínimos riesgos. El panorama no es de mar en calma, precisamente.

En este marco de referencia España no es una excepción, aunque seguimos por el momento sin Gobierno, crecemos muy por encima de la media de la zona euro y lo seguiremos haciendo al menos en el corto y medio plazo. Nuestro país se mantiene en el mapa receptor de inversiones inmobiliarias de los principales actores mundiales, en un lugar secundario, sí, pero soñado desde hace muchos años y que va ganando posiciones.

Por otra parte, la vertiginosa transformación social, política, económica y tecnológica obliga al sector inmobiliario, como a prácticamente todos los sectores –que se lo digan al del automóvil– a dos cuestiones básicas: poner absolutamente el foco en el usuario y adaptarse y evolucionar con él para no quedar descolgado del tren que lleva al futuro.

Como en el residencial –en el que nos detuvimos con detalle en el número anterior–, ocurre en las oficinas, donde las nuevas fórmulas de concebir, gestionar y utilizar los espacios son determinantes para captar y mantener el talento, pero también para atraer a las empresas y organizaciones en una competencia feroz no solo entre empresas, sino también entre ciudades.

Por su parte, el comercio de calle y los centros comerciales lógicamente no son ajenos a los cambios radicales en el consumo. La convivencia con el comercio electrónico, la distribución al minuto, el creciente protagonismo del ocio y la restauración en los centros, la omnicanalidad y la experiencia del consumidor están marcando la transformación de un sector que siempre ha demostrado una enorme vitalidad y capacidad de adaptación y que ahora lucha denodadamente por seguir siendo punta de lanza.

Y, cómo no, el sector inmobiliario logístico, que poco tiene que ver con lo que se hacía hace apenas cinco años. Impulsado también por el comercio electrónico y por los drásticos cambios en los hábitos de consumo, este sector –poco acostumbrado a ello hasta hace muy poco tiempo– está reinventándose a marchas forzadas, sorteando como puede la rigidez administrativa-urbanística, la espiral de precios del suelo y unos costes de construcción desbocados.

Hay muchas y diversas teorías: conspirativas, pesimistas, eufóricas, continuistas…sobre lo que nos depararán los años venideros, pero solo una realidad insoslayable: la clave es el futuro y éste se construye desde este mismo minuto, aprendiendo de quienes nos rodean y mirando hacia adelante.

 

N.º 99 – Junio – julio 2019