javier-martin-lopezJavier Martín López

Director de Observatorio Inmobiliario y de la Construcción

Me sumo a la opinión de quienes piensan que la evolución de los centros comerciales pasa por no parecer centros comerciales, o al menos por no identificarse con las líneas que los han definido hasta ahora y que han sido generadores de clones en los que la única seña diferenciadora era el cartel instalado en la fachada o un tótem en el parking.

La tecnología de la era digital ha cambiado vertiginosamente los hábitos de vida y de consumo, pero lo importante no es eso, sino que la tendencia es imparable y las transformaciones cada vez serán más rápidas. Así, cada persona, cada consumidor, quiere encontrar sitios donde vivir, relacionarse, comprar, divertirse, reunirse… que formen parte de “su” mundo, no que se “adapten” a él. Esto no es fácil cuando alguien diseña un centro comercial que, para que sea rentable, debe recibir millones de visitas al año.

El primer paso, como ya se señala unánimemente, pasa por entender al consumidor, identificar sus necesidades, atender sus preferencias. En esto, la información es imprescindible y quien no haya apostado por ella y la tenga integrada en su ADN empresarial ya puede dedicarse a otra cosa.

En segundo lugar, hay que llevar a la práctica lo que la información nos cuenta, diseñando los nuevos centros o adaptando los existentes a esas nuevas “corrientes” de consumo: más ocio y diferenciado en “ambientes”, crecimiento cualitativo y cuantitativo de las zonas de restauración –en inglés estos términos suenan más rompedores, pero el resultado es el mismo– zonas y servicios comunes más funcionales, modernas y atractivas; mejor iluminación, más sostenibilidad ambiental, accesos más fáciles…

Y el tercero consiste en encontrar (o dar cabida) a los operadores, marcas y empresas que estén dispuestas a pagar un dinero por relacionarse con sus clientes en ese centro, ya sea mostrando, vendiendo o entregando sus productos y servicios.

Evidentemente la cosa es más compleja que esta precipitada síntesis, pero más o menos queda reflejado que el camino a seguir pasa por recopilar cuanta más información, mejor; analizarla desde todos los puntos de vista, definir unas líneas de actuación para ponerla en práctica y  convencer a operadores y consumidores de que hemos dado con la receta ideal…

No obstante,  uno que no sabe apenas nada de esta actividad, ve que los centros comerciales siguen pareciendo eso, centros comerciales; que las tiendas que los ocupan son prácticamente las mismas, que los servicios son similares…Entiendo que hay que rentabilizar toda la inversión realizada, pero quizá también sea hora de cambiar el concepto desde el origen, atreverse a ser más proactivo que reactivo, a cuestionar principios hasta ahora inamovibles…

Volver a mirar todo con los ojos de un niño. Trazar nuevos caminos y ser los primeros en transitarlos siempre es más gratificante (e incluso rentable a la larga) que reasfaltar una autopista que va colapsada todos los días. No es una decisión fácil, pero lo fácil muchas veces es aburrido. Se abre, pues, un tiempo de diversión.

Nº 94 – Septiembre- Octubre  2018